Inicio / Articulos / Flor Ramírez: «Huí de Nicaragua por mi vida»

Flor Ramírez: «Huí de Nicaragua por mi vida»

Flor Ramírez se destacó en las protestas de 2018 contra el régimen Ortega-Muriyo con su vestido folclórico nicaragüense.

Por oponerse a Ortega sufrió hostigamiento constante y acoso policial durante tres años. Ahora está en Estados Unidos, donde ha solicitado asilo.

De Confidencial

HAVANA TIMES – Tres años de constantes hostigamientos, persecuciones y amenazas, sumados a detenciones arbitrarias y golpizas por parte de personas afines al régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo, motivaron a Flor de María Ramírez, conocida tras las protestas civiles de 2018 como «la señora» de huipil” (vestimenta folklórica) para escapar de Nicaragua para “salvar” su vida.

Ramírez, de 66 años, salió del país a mediados de abril acompañada de uno de sus hijos. Ella salió de su casa en Managua alrededor de las 2:00 a.m. porque los policías apostados afuera de su casa llegaban todos los días a las 5:00 a.m.

“Salimos el sábado de Pascua. Salimos antes de que viniera la policía y se aseguraran de que no hubiera civiles porque también mandaron gente a vigilar. Salimos apurados, tomamos un taxi y nos despedimos, con miedo y lágrimas, de nuestra casa”, dijo Ramírez a Confidencial.

Ramírez salió del país cruzando ilegalmente en la zona fronteriza de El Guasaule, en Chinandega, entre Nicaragua y Honduras, con la ayuda de un «amigo» que le pidió diez dólares para llevarla por un sendero mal vigilado por las autoridades de inmigración de ambos países.

Destacó que tenía $900 para todo el viaje, los cuales recibió de la venta de muebles, electrodomésticos y máquinas de coser que tenía en su negocio en Nicaragua.

Flor Ramírez tenía un taller de costura en su casa en Managua, lo que le permitía mantenerse. Sin embargo, los clientes dejaron de venir por el constante acoso policial. Foto: Archivo/Confidencial.

Luego de cruzar a territorio hondureño, continuó desplazándose en varios buses, y en la mañana del 17 de abril se encontraba en Guatemala. Allí llegó luego de pagar $20 a una mujer que al ver que no podían pagar lo que cobraban los «coyotes» de la zona, se ofreció a cruzarlos por un lugar que no estaba muy vigilado.

detenido en guatemala

“Una vez en Guatemala, pagamos $200 en un taxi que nos llevó a la terminal de buses para ir a la capital. Ellos pagan sobornos a los agentes de inmigración con los que se cruzan y entonces tuvimos que tomar un bus que nos llevara a la capital de este país. Sin embargo, unos policías pararon el bus, nos pidieron los documentos, y como no teníamos permiso para viajar, nos detuvieron esa tarde”, lamenta Ramírez.

Confirmó que los policías que los detuvieron fueron “hostiles” y aunque no hubo golpes, los “maltrataron”.

“Nos llevaron a una estación de tren cercana y ahí les rogué que nos dejaran ir, que íbamos huyendo de Nicaragua porque la dictadura nos perseguía, pero se burlaron de nosotros. Nos dijeron que nos iban a llevar a un albergue y lo que hicieron fue llevarnos de regreso a la frontera con Honduras. Me quejé de lo que estaban haciendo y me amenazaron con que si seguía quejándome me iban a mandar de vuelta a Nicaragua”, condenó.

“Fue duro. Lloré en ese momento porque sentí que estaba con la policía de Nicaragua. Estos policías de Guatemala lo único que no hicieron fue golpearme, pero me gritaron y me humillaron”, agregó.

Ramírez y su hijo, a pesar de ser devueltos en la frontera con Honduras, no desistieron de continuar su viaje hacia Estados Unidos. La mujer dijo que después de llorar y orar durante aproximadamente una hora, sentada en la acera junto al cruce fronterizo, un joven se le acercó para ofrecerle el pasaje de regreso a Guatemala, pidiéndole que le diera lo que pudiera.

“Un niño se me acercó y me dijo: ‘Mamá, ¿quieres cruzar?’ no llores Si confías en mí, te llevaré. Fuimos con él, nos guió y esa tarde estábamos de vuelta en Guatemala. Solo le pagamos 50 quetzales -unos $6,50- que al final fue lo que pidió, aunque al principio dijo que le diéramos lo que pudiéramos”, explicó.

En este segundo intento, Ramírez decidió tomar una ruta diferente para evitar una nueva detención por parte de las autoridades guatemaltecas. Viajó en hasta cinco camionetas que tomaron rutas alternas a las principales carreteras para llegar a la capital y luego a la región fronteriza entre Guatemala y México.

“Entré a México por la zona de Tapachula. Encontramos una persona que nos cortó por 70 dólares, porque allí cobran mucho más”, comentó.

Más de un mes en México

Ramírez tardó más de 30 días en llegar a la zona fronteriza entre México y Estados Unidos. Pasó un mes en el estado de Chiapas, en la frontera con Guatemala, para solicitar una visa humanitaria y transitar «más tranquila» por territorio mexicano.

“Alquilamos un apartamento por un mes, costaba $120 y empezamos a solicitar una visa humanitaria. Fue un proceso largo porque llegamos el 20 de abril y no nos lo dieron hasta el 25 de mayo”, dijo.

“Con la visa humanitaria, Ramírez retomó su viaje a Estados Unidos. El 26 de mayo, con su hijo, tomó un autobús directo a la Ciudad de México y luego, sin descansar, otro a Acuña, zona fronteriza con Estados Unidos, donde llegaron al día siguiente.

Ramírez cruzó el Río Bravo la mañana del 20 de mayo. Asegura que fue un momento «muy difícil» y antes de entrar a las aguas, «yo confiaba en Dios».

Flor Ramírez reza luego de cruzar las aguas del Río Bravo (Río Grande), la frontera natural entre México y Estados Unidos. Foto cortesía.

“Migración me agarró como a las nueve de la mañana. Eran unos gringos que viajaban en una camioneta. Nos encontraron en unos campos de maíz, en el territorio de los EE.UU. Preguntaron algo en inglés y les dije en español: “somos nicaragüenses y nos vamos de Nicaragua”. No nos preguntaron nada más, abrieron la camioneta y nos llevaron a un lugar donde estaban llevando a los migrantes que estaban agarrando”, dijo.

La “Dama Huipila” estuvo detenida apenas tres días por las autoridades migratorias estadounidenses en Del Río, Texas. “Mi salida del centro de detención fue como un regalo del día de la madre, porque el mismo 30 (de mayo) me dijeron que me arreglara que me iba”, comentó Ramírez.

Explicó que antes de irse le pidieron una dirección donde lo pudieran encontrar y ella le dio una a una amiga. Le dieron un celular, el cual usan para monitorearla todas las semanas, a través de fotos y geolocalización. Y le dieron cinco días para trasladarse al lugar donde se quedaría mientras enfrentaba el proceso de solicitud de asilo.

Ramírez dijo que ahora espera un resultado positivo de su postulación y que se materialice una oportunidad laboral, pues aunque ama a Nicaragua, “no puedo regresar porque mi vida corre peligro allá, la dictadura ya no me permite vivir en paz”.

Persecución interminable en Nicaragua

“Todos los días venían a acosarme, me amenazaban a mí y a mi familia. Me dijeron que si me encontraban en la calle me arrestarían o desaparecería. Ya no podía trabajar, nadie venía a mi taller de costura por el asedio. Y si salía a buscar algo, me seguían o investigaban para saber dónde estaba. No pude salir porque la policía estaba justo detrás de mí. Me subía a un bus, luego a un taxi, esa era mi vida, caminar, correr, y ya no quería vivir así”, dijo Ramírez con la voz entrecortada.

Doña Flor, como la llaman cariñosamente quienes la conocen, inició su participación en las protestas el 20 de abril de 2018. En agosto del mismo año decidió apoyar las marchas vistiendo un hupil azul y blanco en honor a un joven que fue detenida este mes por bailar folklore en un plantón realizado frente a la Universidad Centroamericana (UCA).

La «dama del huipil» fue detenida por primera vez por policías del régimen de Ortega en septiembre de 2018. Luego un policía le gritó: «Si no te callas, te tiro y te hago desaparecer» mientras la llevaban a la tristemente célebre prisión por cuestionar a El Chipote, donde fue fotografiada y amenazada si no dejaba de protestar.

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) en agosto de 2021 otorgó medidas cautelares a favor de Ramírez, advirtiendo que su integridad física y su vida se encuentran en “extrema carga y riesgo” por “constante hostigamiento, amenazas, persecución y agresiones físicas” , que ella sufre.

Lea más de Nicaragua aquí en el Havana Times.


#Flor #Ramírez #Huí #Nicaragua #por #vida

Puede interesarte

Comunidad Steamship ayuda a familia nicaragüense a obtener asilo en tiempo récord

Comunidad Steamship ayuda a familia nicaragüense a obtener asilo en tiempo récord

Eric Ocampo, pastor de ministerios de habla hispana en Steamboat Christian Center, brindó asistencia de …

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *