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El paisaje volcánico de Nicaragua

Nicaragua, el país centroamericano más grande y más bajo, es una nación de superlativos geográficos. Situada en el codo en el que el istmo centroamericano se dobla y luego cae en picado hacia el sur hasta Panamá, Nicaragua se encuentra casi en el punto muerto entre América del Norte y del Sur y tiene aproximadamente el tamaño de Grecia o del Estado de Nueva York.

Geografía

El apodo de Nicaragua, «Tierra de Lagos y Volcanes», evoca sus principales características geográficas: dos grandes lagos y una cadena de impresionantes y activos volcanes. Los recursos hídricos y volcánicos de Nicaragua han tenido un enorme efecto en su historia humana, desde el día en que los primeros nahuas se asentaron en las orillas boscosas del lago Cocibolca (lago de Nicaragua) hasta los primeros asentamientos españoles a lo largo de los lagos, pasando por los planes de construcción de un canal transístmico.

La convergencia de las placas asegura la inestabilidad de la corteza, que se manifiesta en una frecuente actividad volcánica y sísmica en toda Centroamérica, y especialmente en Nicaragua. Normalmente, los terremotos son tan pequeños que pasan desapercibidos. En abril de 2014, unos terremotos constantes en el transcurso de una semana provocaron graves daños en muchas viviendas de Nagarote, así como daños permanentes en varias estructuras de Managua, incluido el gran anfiteatro de La Plaza de la Fe que antaño dominaba el frente marítimo de Managua.

Volcanes

Nicaragua tiene unos 40 volcanes, de los cuales media docena suelen estar activos en cualquier momento. Paralelos a la costa del Pacífico, los volcanes nicaragüenses forman parte del Cinturón de Fuego que abarca la mayor parte de la costa occidental de América, las islas Aleutianas de Alaska, Japón e Indonesia. Las cordilleras de los volcanes Maribio (en náhuatl, «hombres gigantes») y Dirian se extienden casi 300 kilómetros desde el Concepción y el Maderas, en medio del lago Cocibolca, hasta el Cosigüina, que se adentra en el golfo de Fonseca.

El primer evento volcánico del que se tiene constancia fue una gran erupción del Volcán Masaya a principios del siglo XVI. La lava formó la actual laguna en la base de la montaña. En 1772 se produjo otra gran colada de lava, que dejó un camino negro y estéril aún visible hoy en día donde la Carretera Masaya lo atraviesa. En 1609, los colonos españoles abandonaron la ciudad de León cuando el Momotombo entró en erupción. En enero de 1835, el Volcán Cosigüina entró en erupción de forma violenta, arrojando cenizas hasta Jamaica y México, cubriendo de ceniza y piedra pómez los 250 kilómetros alrededor del volcán y obligando a toda la península a pasar tres días a oscuras. Toda esta actividad volcánica es responsable de la excepcional fertilidad de los suelos nicaragüenses, sobre todo en las llanuras agrícolas de Chinandega y León.

El Volcán Masaya es el más accesible de los volcanes nicaragüenses y cuenta con una carretera asfaltada que llega hasta el borde del cráter. El Volcán Masaya está formado en realidad por tres cráteres, el mayor de los cuales, el Santiago, es el único cráter de América que contiene un charco visible de lava líquida incandescente en su centro. La visibilidad de esta lava fluctúa en un ciclo de 30 años.

Escalar algunos colosos nicaragüenses es una forma estupenda de conocer Centroamérica. El San Cristóbal es el pico más alto, con 1.745 metros. El Volcán Casita, un pico más pequeño adyacente al San Cristóbal, aún conserva la inmensa cicatriz del desprendimiento que sepultó a miles de personas en una avalancha de roca y barro durante el huracán Mitch y que volvió a temblar brevemente en enero de 2002. Los conos gemelos de la Isla de Ometepe son populares para el senderismo y de fácil acceso. Sea cual sea el lugar al que se vaya, siempre hay que contratar un guía, ya que varios extranjeros se han perdido y han perecido mientras hacían cumbre.

El Volcán Maderas es un volcán agradable de escalar.

El Momotombo, el San Cristóbal y el Telica son los picos más activos y son propensos a emitir penachos de gases venenosos, humo y ocasionalmente lava. El Volcán Concepción de la Isla de Ometepe (1.610 metros) explotó por última vez en 2009 y 2012. La otra mitad de Ometepe (que en náhuatl significa «dos picos») es el Volcán Maderas (1.394 metros), que duerme, con su cráter ahogado en una profunda laguna que alimenta una próspera selva.

El Volcán Telica, al norte de León, entra en erupción aproximadamente cada cinco años, mientras que los respiraderos de gas de su base expulsan lodo y azufre hirviendo. El vecino Cerro Negro es uno de los volcanes más jóvenes del planeta: sobresalió a través de un campo de cultivo a mediados del siglo XIX y desde entonces ha crecido de forma constante y violenta hasta alcanzar una altura de 400 metros. Las tres últimas erupciones del Cerro Negro han sido cada vez más potentes, culminando en 1992, cuando expulsó una nube de gases y cenizas ardientes de siete kilómetros de altura, sepultando León bajo 15 centímetros de ceniza y polvo. Ocho mil habitantes fueron evacuados porque el peso de la ceniza provocó el derrumbe de varias viviendas. El volcán Momotombo (que en náhuatl significa «gran pico ardiente») tiene una cúspide perfecta que es visible desde grandes distancias en las llanuras del Pacífico, hasta Matagalpa. El Momotombo es responsable de aproximadamente el 10% de la electricidad de Nicaragua a través de una planta geotérmica situada en su base. No ha entrado en erupción desde 1905, pero el Momotombo sigue siendo un monstruo cuya amenaza se toma muy en serio. En abril de 2000 retumbó lo suficiente como para llamar la atención de Managua, pero luego se calmó.

Una popular excursión de un día desde Granada es el parque de bosques nubosos y plantaciones de café del Volcán Mombacho (1.345 metros), un volcán inactivo cuya explosión y autodestrucción formó el archipiélago de isletas del lago Cocibolca. El Mombacho adquirió su forma moderna en 1570, cuando una gran avalancha en la ladera sur abrió y dejó al descubierto el cráter, sepultando en el proceso a un pueblo indígena de 400 habitantes.

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